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				<journal-title>Archivo Espa&#xf1;ol de Arte</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Arch. esp. arte</abbrev-journal-title>
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					<subject>Cr&#xf3;nica / Exhibition review</subject>
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						<surname>Mart&#xed;n Oyag&#xfc;ez</surname>
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				<source>Chillida. M&#xed;stica y materia</source>
				<publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
				<publisher-name>Museo Nacional de Escultura</publisher-name>
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		<p>En esta exposici&#xf3;n, su comisario Mikel Onandia Garate, nos gu&#xed;a por un viaje de lo material a lo m&#xed;stico, y lo hace de muchas maneras. Tanto la selecci&#xf3;n de obras, como el discurso expositivo, u otros aspectos museogr&#xe1;ficos que van desde los detalles m&#xe1;s peque&#xf1;os hasta las cuestiones m&#xe1;s evidentes hacen que los espectadores de este proyecto curatorial experimenten un verdadero tr&#xe1;nsito de lo mat&#xe9;rico &#x2014;relacionado con el elemento de la tierra&#x2014; a lo espiritual &#x2014;ligado al elemento del aire&#x2014;.</p>
		<p>Esa dualidad de lo material y lo espiritual que interesaba enormemente a Eduardo Chillida (1924-2002), tanto en su vida como en su obra, resulta evidente para quien se acerque, aunque sea de forma sutil, a la figura del escultor donostiarra. El historiador del arte Kosme de Bara&#xf1;ano recuerda en su entrevista con Eduardo Chillida, que ya su hija Susana Chillida quiso titular a esa conversaci&#xf3;n &#x201c;El esp&#xed;ritu de la materia y la materia del esp&#xed;ritu&#x201d;. Es a trav&#xe9;s de esa m&#xed;stica y de esa materia como el p&#xfa;blico es transportado a un mundo de escultura espiritual. Por un lado, gracias a obras figurativas de car&#xe1;cter religioso que van desde el siglo <sc>xiii</sc> hasta el <sc>xviii</sc>, estas destacadas piezas de la colecci&#xf3;n permanente del Museo Nacional de Escultura dialogan con las m&#xe1;s de cincuenta obras abstractas seleccionadas del autor, la mayor&#xed;a tra&#xed;das del Museo Chillida Leku (Guip&#xfa;zcoa). Y por otro, el viaje a lo et&#xe9;reo se logra a trav&#xe9;s de la distribuci&#xf3;n expositiva realizada por Onandia Garate. </p>
		<p>Hay una relaci&#xf3;n clara entre la obra expositiva que crea el comisario y las piezas de Chillida y esta se advierte desde que irrumpimos en la primera sala hasta que abandonamos el edificio atravesando el claustro del siglo <sc>xvi</sc>, gracias a la armon&#xed;a que genera la repartici&#xf3;n de vol&#xfa;menes y espacios vac&#xed;os. Onandia Garate, como el propio Chillida hac&#xed;a en sus esculturas, introduce vac&#xed;o en estas salas expositivas generando espacios donde la materia y el espacio se van equilibrando, creando la sensaci&#xf3;n de que el espectador se encuentra en un recorrido lleno de recovecos que el aire climatizado del museo llena, hasta que una vez fuera el aire del exterior se cuela entre los arcos del claustro. </p>
		<p>En las siete salas del espacio expositivo del Palacio de Villena, sede de exposiciones temporales del Museo Nacional de Escultura, en las que se distribuyen las piezas, se va creando ese universo en el que diversas dimensiones se relacionan: la mat&#xe9;rica y la espiritual, la figurativa y la abstracta, la del espacio lleno y la del espacio vac&#xed;o; siendo estos di&#xe1;logos en unas ocasiones mucho m&#xe1;s obvios que en otras. As&#xed;, en la primera sala se vuelve casi indispensable leer la informaci&#xf3;n de la cartela que acompa&#xf1;a al <italic>San Juan Bautista</italic> de Juan de Juni (1506-1577) para poder llegar a comprender c&#xf3;mo la propia expresividad de la escultura del siglo <sc>xvi</sc> que representa al santo evoca un dinamismo y una viveza a la que el propio Chillida aspira en su obra, que, aun no siendo figurativa, apela a las emociones del p&#xfa;blico.</p>
		<p>Otros di&#xe1;logos quedan establecidos de forma mucho m&#xe1;s clara y evidente, como sucede en la segunda sala a trav&#xe9;s de las relaciones de los materiales. Chillida, que trabaj&#xf3; principalmente el hierro, tambi&#xe9;n dio forma al alabastro y al barro; y por, su puesto, a la madera. Buena prueba del uso de este material son <italic>Relieve</italic> (1963) y <italic>Abesti Gogorra</italic> (<italic>Canto rudo</italic>, 1964). Esta &#xfa;ltima pieza ocupa el centro de la segunda sala y en ella se contrapone el efecto de ligereza &#x2013;por el poco contacto de la pieza con el suelo&#x2013;, con el de robustez, ya que est&#xe1; realizada en madera de roble y sus brazos gruesos, desiguales y &#xe1;speros presentan las marcas de la herramienta que los tall&#xf3;. Esa honestidad de los materiales presente en la mayor&#xed;a de las piezas de Chillida activa nuestra memoria h&#xe1;ptica, d&#xe1;ndonos en todo momento la sensaci&#xf3;n de estar sintiendo bajo nuestros dedos las diferentes texturas de los materiales sin tocarlos. En esta segunda sala hay un peque&#xf1;o espacio secundario, que, en cierto modo, habiendo abandonado ya la madera de la sala anterior nos anuncia una tercera sala independiente, pero que, al no ser exenta, y obligarnos a volver a la segunda sala para continuar el recorrido se vuelve un peque&#xf1;o reto museogr&#xe1;fico, en parte, bien resuelto a trav&#xe9;s de esa dimensi&#xf3;n mat&#xe9;rica, ya que dos de las piezas que aqu&#xed; se exponen combinan precisamente el hierro y la madera: <italic>Yunque de sue&#xf1;os III y VI</italic>. </p>
		<p>El vac&#xed;o se vuelve protagonista de la cuarta sala, donde, a trav&#xe9;s del espacio, se separa la madera, el hierro, el papel y la tinta china de los alabastros. Chillida trabaj&#xf3; el alabastro desde la d&#xe9;cada de 1960 y con este material se propuso trabajar con la luz, ya que, a diferencia de sus obras de hierro oscuras como la noche, el alabastro atrapa la luz de una manera muy singular dependiendo de c&#xf3;mo est&#xe9; trabajado. Y es precisamente esa luz que tradicionalmente se vincula con la divinidad lo que m&#xe1;s llama la atenci&#xf3;n de las dos peque&#xf1;as obras de alabastro sin t&#xed;tulo que se presentan en esta sala y que, a&#xfa;n estando arrinconadas en una esquina, atraen fuertemente al espectador. </p>
		<p>La quinta sala genera un claro di&#xe1;logo crom&#xe1;tico. A la izquierda nos interpela el blanco, a trav&#xe9;s de tres obras. Dos de ellas est&#xe1;n precisamente talladas en alabastro: un relieve del siglo <sc>xvi</sc>
			<italic>La Virgen con el Ni&#xf1;o</italic> de Felipe Bigarny (1475-1542) y el <italic>Homenaje a la mar III</italic> realizado por Chillida en 1984. En esta obra, que presenta una parte de la piedra delicadamente trabajada y otra en bruto, se puede advertir en cierto modo la formaci&#xf3;n de Chillida como arquitecto. A la derecha da profundidad a la sala el negro, protagonista no solo de las piezas creadas en hierro sino tambi&#xe9;n en las piezas de tierra chamota (<italic>&#xd3;xidos</italic> de 1984 a 1994) que, perdiendo su honestidad mat&#xe9;rica gracias a su tinte negro, parecen esculturas de hierro como las del resto de la sala.</p>
		<p>Los juegos de vol&#xfa;menes de los elementos expositivos, algunos alineados y otros rompiendo simetr&#xed;as al traspasar l&#xed;neas de altura y de profundidad, lo que genera zonas m&#xe1;s abarrotadas mientras otras presentan mucho m&#xe1;s aire, es algo que sucede de forma muy evidente en la sexta sala. En ella, a diferencia de las dos anteriores, la sensaci&#xf3;n es de mayor abarrotamiento, y si bien ese dinamismo tiene un claro efecto sensorial en el espectador, se necesita profundizar en el discurso expositivo para comprender el espacio donde se reparten las piezas de hierro, las de tierra chamota y la gran pieza de alabastro <italic>Gurutz VIII (Cruz VIII).</italic> Esta &#xfa;ltima obra tiene una dimensi&#xf3;n simb&#xf3;lica y espiritual y, en ese sentido, puede ser la que m&#xe1;s directamente se relacione con las esculturas del siglo <sc>xvii</sc> presentes en la sala, <italic>San Pedro de Alc&#xe1;ntara</italic> y <italic>Santa Teresa de Jes&#xfa;s</italic>, de Pedro de Mena (1628-1688) y Gregorio Fern&#xe1;ndez (1576-1636), respectivamente. Sin embargo, sus grandes dimensiones y el espacio tan reducido que queda ya al final de la sala generan cierta arritmia en los vol&#xfa;menes, algo que tambi&#xe9;n pasa con las dos esculturas de los santos de muy diferente tama&#xf1;o.</p>
		<p>Por &#xfa;ltimo, en la s&#xe9;ptima sala, la m&#xe1;s peque&#xf1;a, no se presentan ya piezas de hierro, y cobra protagonismo su obra en papel, sus gravitaciones, <italic>Homenaje a San Juan de la Cruz I, II y III</italic>. Estas gravitaciones son obras realizadas en papel con tinta china y unidas por cuerdas, se sit&#xfa;an en el espacio intermedio entre un relieve y un collage. Con ellas, Chillida nos recuerda que las cosas livianas tambi&#xe9;n pesan. Estas obras mucho m&#xe1;s ligeras son las que Onandia Garate selecciona para cerrar el viaje expositivo que comenz&#xf3; present&#xe1;ndonos esculturas de hierro que recuerdan a arados y herramientas de labranza y que nos establecen esa conexi&#xf3;n con la tierra, para terminar con obras que evocan lo espiritual a trav&#xe9;s de lo liviano. Piezas que hablan de la predilecci&#xf3;n del artista por los m&#xed;sticos espa&#xf1;oles, Santa Teresa de Jes&#xfa;s (1515-1582) y sus experiencias levitantes, y San Juan de la Cruz (1542-1591) y sus versos, de los cuales Chillida se consideraba un gran admirador y cuya poes&#xed;a a &#xe9;l mismo sirvi&#xf3; de inspiraci&#xf3;n.</p>
		<p>Esta arm&#xf3;nica y sensorial exposici&#xf3;n se completa con la instalaci&#xf3;n de tres piezas de acero y granito de Chillida en los patios y el jard&#xed;n del Colegio de San Gregorio y con un cat&#xe1;logo con textos de Mikel Onandia, Florian Steininger, Victoria Cirlot, Arno Gimber y Alejandro Nuevo.</p>
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