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				<journal-title>Archivo Espa&#xf1;ol de Arte</journal-title>
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		<p>Afirmaba Karl Justi en 1888 que &#x201c;la &#xe9;poca de Cervantes y Murillo, cuando en Espa&#xf1;a se crearon formas espec&#xed;ficas, dadas unas condiciones materiales y unas modalidades de pensamiento especiales, puede tambi&#xe9;n ser considerada como una fase especial, aunque algo limitada, de la humanidad&#x201d; (<italic>Vel&#xe1;zquez und seine Jahrhundert</italic>, Bonn, 1888, p. 7). Con la perspectiva que da m&#xe1;s de un siglo, dicha fase limitada parece ser en realidad un per&#xed;odo inagotable que nos permite pensar una y otra vez acerca de esa deslumbrante crisis del arte y la sociedad de los que se han denominado Siglos de Oro.</p>
		<p>Buena prueba de ello es el libro de Abigail D. Newman, que vuelve a un tema muy trabajado por la cr&#xed;tica, la presencia de la pintura flamenca en la corte madrile&#xf1;a del siglo <sc>xvii</sc>, y al que se han dedicado importantes estudios, pero proponiendo una nueva aproximaci&#xf3;n, la de la percepci&#xf3;n de lo flamenco en pintura en el Madrid del s. <sc>xvii</sc>. Una visi&#xf3;n que reconocer&#xed;a como espec&#xed;ficamente flamencos g&#xe9;neros como el retrato, la naturaleza muerta y los floreros y paisajes, especialmente cuando eran representados con gran definici&#xf3;n y un colorido intenso, que en ocasiones se impon&#xed;a incluso a los fresquistas italianos que trabajaban para la corte (p. 7). Esas obras de gran detallismo ser&#xed;an requeridas por las clases altas espa&#xf1;olas durante siglos (p. 2) y seguramente esta demanda de pintura flamenca fue uno de los motivos por el que pintores activos en Madrid en el siglo <sc>xvii</sc> resaltaban su procedencia de esa zona, a veces incluso de manera exagerada, al advertir que se ten&#xed;a como sin&#xf3;nimo de calidad.</p>
		<p>Ahora bien, definir qu&#xe9; se entend&#xed;a por lo flamenco en el arte de la Espa&#xf1;a de la Edad Moderna es algo bastante complejo y para ello la autora crea el concepto de &#x201c;flamenquidad&#x201d; (&#x201c;Flemishness&#x201d;, pp. 19-25), un t&#xe9;rmino con el que se refiere a esa visi&#xf3;n espa&#xf1;ola, que no limitaba lo flamenco a una zona geogr&#xe1;fica o a una idea nacionalista, como las del siglo <sc>xix</sc>, puesto que esa idea inclu&#xed;a a artistas no necesariamente nacidos o activos en Flandes, teniendo m&#xe1;s que ver con la t&#xe9;cnica y el colorido usado en los cuadros. La propia autora advierte que &#x201c;es un concepto amorfo, dif&#xed;cil de concretar y en perpetua evoluci&#xf3;n, aunque con resonancias concretas en tiempos y lugares determinados&#x201d; (p. 19) por lo que no acaba de quedar claro en qu&#xe9; se concretar&#xed;a dicho concepto, ya que ella misma lo relaciona con unas obras de arte que considera h&#xed;bridas, puesto que &#x201c;mientras la cultura puede ser vinculada a determinados espacios y lugares [&#x2026;] la mayor&#xed;a de los productos culturales son cuando menos h&#xed;bridos, en el sentido de que no han sido formados &#xfa;nicamente por una cultura y lugar sino por la convergencia de muchas de ellas&#x201d; (p. 23), algo que es cierto pero que parece difuminar esa posible definici&#xf3;n del t&#xe9;rmino.</p>
		<p>Para ofrecer una organizaci&#xf3;n coherente en esa b&#xfa;squeda de lo flamenco, la autora propone tres recorridos gen&#xe9;ricos a trav&#xe9;s de los artistas vinculados con Flandes y Madrid. El primer cap&#xed;tulo se dedica al retrato y la pintura de historia (pp. 29-82), tratando la presencia de artistas flamencos activos en la corte madrile&#xf1;a a lo largo del siglo <sc>xvii</sc>, desde Felipe Diriksen hasta Andries Smidt y Jan van Kessel II. Se estudia su relaci&#xf3;n con la guardia borgo&#xf1;ona, los archeros del rey y su importancia para el retrato contempor&#xe1;neo, usado como un medio para triunfar en la corte dada la demanda de este g&#xe9;nero.</p>
		<p>El segundo cap&#xed;tulo (pp. 85-150) se centra en la naturaleza muerta, que lleg&#xf3; en grandes cantidades a la pen&#xed;nsula desde finales del siglo <sc>xvi</sc> y que ayud&#xf3; a definir la idea de lo flamenco por la abundancia y variedad de objetos que representaba y la definici&#xf3;n con que lo hac&#xed;a, comparando naturalezas muertas espa&#xf1;olas y flamencas al analizar la imitaci&#xf3;n de obras como las guirnaldas de flores con una escena religiosa en su interior (p. 142).</p>
		<p>La tercera secci&#xf3;n (pp. 154-185) estudia el paisaje como g&#xe9;nero inventado en Flandes en el siglo <sc>xvi</sc>, resaltando la importancia que los viajes realizados por los pintores flamencos, pero tambi&#xe9;n por sus obras, tuvieron a la hora de definir este g&#xe9;nero, en el que la figura de Patinir tuvo una importancia fundamental.</p>
		<p>El texto acaba (pp. 187-214) con una coda dedicada a Rubens que, seg&#xfa;n la autora, supondr&#xed;a el final de esa presencia de lo flamenco en Espa&#xf1;a al convertirse en una referencia tan frecuente en la pintura espa&#xf1;ola que no cabe considerar su arte como algo for&#xe1;neo sino como algo perfectamente integrado en el arte espa&#xf1;ol.</p>
		<p>La valent&#xed;a con la que se aborda el tema y se intenta comprender la mentalidad del p&#xfa;blico espa&#xf1;ol con relaci&#xf3;n a las obras de arte en el siglo <sc>xvii</sc> es realmente encomiable aunque tratando un asunto tan complejo quiz&#xe1;s algunas ideas podr&#xed;an matizarse un poco m&#xe1;s, la primera frase del libro &#x201c;en el siglo <sc>xvii</sc>, la pintura espa&#xf1;ola floreci&#xf3; al fin&#x201d; (p. 1), puede parecer en parte cuestionable puesto que enlaza demasiado bien con el concepto, nacionalista en definitiva, de escuela espa&#xf1;ola desarrollado en el siglo <sc>xix</sc>, que no ten&#xed;a en cuenta ni la transcendencia de la pintura medieval ni las obras de los siglos <sc>xv</sc> y <sc>xvi</sc> de artistas como Pedro Berruguete o Juan Fern&#xe1;ndez de Navarrete, por no mencionar a pintores no nacidos en la pen&#xed;nsula como Pedro de Campa&#xf1;a, Sofonisba Anguissola o El Greco, aunque no pueda hacerse una historia de la pintura espa&#xf1;ola sin ellos. Es cierto que la autora critica en parte la visi&#xf3;n tradicional de una influencia en el arte espa&#xf1;ol de lo flamenco en el siglo <sc>xv</sc> y lo italiano en el <sc>xvi</sc>, pero tambi&#xe9;n lo es que el texto plantea desde el principio una dicotom&#xed;a entre lo espa&#xf1;ol y lo flamenco desde una visi&#xf3;n quiz&#xe1;s demasiado actual y vinculada m&#xe1;s a lo social que al hecho art&#xed;stico, sobre todo porque si bien se intenta definir esa &#x201c;flamenquidad&#x201d; vista desde Espa&#xf1;a, no se especifica si en la &#xe9;poca exist&#xed;a un concepto similar de &#x201c;hispanicidad&#x201d; o &#x201c;espa&#xf1;olidad&#x201d;, vista desde Flandes que permitir&#xed;a comparar ambas ideas. Tampoco queda claro si esa visi&#xf3;n del arte flamenco difer&#xed;a de la que pod&#xed;a existir en Francia o en Italia, donde algunos artistas contaban con clientes tan importantes como el cardenal Federico Borromeo. De hecho, a lo largo de la Edad Moderna hay artistas italianos como Scipione Pulzone, Orazio Gentileschi o Carlo Dolci que usan una t&#xe9;cnica detallada y una factura precisa al igual que un colorido intenso, como Juan Bautista Ma&#xed;no, pero quiz&#xe1;s en este tema debiera primar otra consideraci&#xf3;n, la del contexto hist&#xf3;rico en que se pintan sus obras y la importancia de la <italic>maniera devota</italic> en la Europa cat&#xf3;lica del primer tercio del siglo <sc>xvii</sc>.</p>
		<p>Adem&#xe1;s, como la propia autora indica, muchos artistas flamencos hab&#xed;an viajado a Italia a lo largo de la Edad Moderna, desde Gossaert hasta van Dyck, y lo seguir&#xed;an haciendo hasta finales del siglo <sc>xvii</sc>. El panorama de lo flamenco era por lo tanto tan cosmopolita como lo italiano o lo espa&#xf1;ol por eso no se acaba de entender por qu&#xe9; en algunas de las obras estudiadas en el libro como la Sagrada Familia de Francisco de Cleve se insiste en el detallismo de la naturaleza muerta en la bandeja que lleva un &#xe1;ngel pero no en el evidente car&#xe1;cter italianizante de la escena y en la influencia de las obras de Veron&#xe9;s en su composici&#xf3;n y cromatismo, lo que hace plantearse hasta qu&#xe9; punto esa idea de lo flamenco es la predominante en la obra.</p>
		<p>En ese sentido habr&#xed;a sido interesante pensar de qu&#xe9; manera era visto lo espa&#xf1;ol desde los Pa&#xed;ses Bajos meridionales y hasta qu&#xe9; punto los artistas flamencos con presencia en Madrid no se acomodaban a un gusto y a unos requisitos concretos por parte de una clientela muy espec&#xed;fica, configurando un complejo mercado de expectativas. Ello sin contar con que una parte relevante de los coleccionistas espa&#xf1;oles hab&#xed;an estado en Flandes y en Italia, como el duque de Fr&#xed;as o el marqu&#xe9;s de Legan&#xe9;s. Podr&#xed;a hacerse por ello una reflexi&#xf3;n acerca de hasta qu&#xe9; punto lo flamenco puede estudiarse sin la idea de lo italiano y como en la corte madrile&#xf1;a se conoc&#xed;an bien las producciones de ambas zonas.</p>
		<p>Por este motivo se tiene a veces la sensaci&#xf3;n de que el panorama es un tanto reduccionista y lleva a plantearse hasta qu&#xe9; punto tienen validez las tesis del libro en una localidad, el Madrid del siglo <sc>xvii</sc> en la que, junto a lo flamenco y lo italiano, exist&#xed;a tambi&#xe9;n lo castellano, lo andaluz y lo americano, y sobre todo, en la que hab&#xed;a una visi&#xf3;n del arte y de su historia muy amplia y hasta cierto punto libre de prejuicios, que se distanciaba de la idea italiana (y m&#xe1;s espec&#xed;ficamente vasariana) del progreso art&#xed;stico. Por eso parecen forzadas a veces las inclusiones de obras de entornos tan alejados de la corte como Ejea de los Caballeros o que no muestran una t&#xe9;cnica excesivamente pulida, como la Asunci&#xf3;n de la Virgen de Jan Baptista de Wael en la iglesia de San Miguel de Rinc&#xf3;n de Soto, as&#xed; como la inclusi&#xf3;n de tapices y estudios corogr&#xe1;ficos en el apartado dedicado al paisaje, cuando el concepto que subyac&#xed;a en estas formas art&#xed;sticas era radicalmente distinto del que se esperaba en una pintura, que se diferenciaba siempre del tapiz en la documentaci&#xf3;n, que lo cita siempre como pa&#xf1;o, por lo que no cabe pensar que cuando se mencionan expl&#xed;citamente como &#x201c;pa&#xf1;os&#x201d; pudieran ser &#x201c;lienzos o quiz&#xe1;s tapices&#x201d; (p. 157).</p>
		<p>Rubens marca un punto de inflexi&#xf3;n en el arte europeo de la Edad Moderna y su inclusi&#xf3;n en el libro es l&#xf3;gica. Como prototipo de artista universal deber&#xed;a hacerse presente a lo largo de toda la obra como retratista, pintor de historia, colaborador en naturalezas muertas y autor de paisajes. Pero ante todo deber&#xed;a aparecer como genio reflexivo y creador capaz de incluir de manera natural la tradici&#xf3;n cl&#xe1;sica desde una visi&#xf3;n estrictamente contempor&#xe1;nea. Por eso la integraci&#xf3;n de Rubens en el arte espa&#xf1;ol no se debi&#xf3; espec&#xed;ficamente a su car&#xe1;cter flamenco o a que fuera s&#xfa;bdito del rey de Espa&#xf1;a, sino a su calidad como artista que lo convirti&#xf3; en toda Europa en la piedra de toque del arte contempor&#xe1;neo, demostrando que el p&#xfa;blico de su &#xe9;poca distingu&#xed;a perfectamente entre una imagen meramente representativa o decorativa y una obra de arte y que no todos los artistas ni todos los cuadros eran comparables.</p>
		<p>Respecto a la labor de edici&#xf3;n, sorprenden algunas redundancias y detalles ortogr&#xe1;ficos, los archeros del rey aparecen citados repetidamente como arqueros, a pesar de que en la documentaci&#xf3;n transcrita lo son como archeros. El aparato gr&#xe1;fico es excelente y es de agradecer la cantidad de obras en ubicaciones de dif&#xed;cil acceso que aparecen ilustradas en color.</p>
		<p>En suma, se trata de una obra interesante que muestra la complejidad de los temas relacionados con la din&#xe1;mica del arte de la Corte de Madrid en la Edad Moderna, as&#xed; como la necesidad de repensarlos constantemente. </p>
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