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				<journal-title>Archivo Espa&#xf1;ol de Arte</journal-title>
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					<subject>Recensi&#xf3;n / Book review</subject>
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				<article-title>Gil S&#xe1;nchez, Juan Jos&#xe9;: <italic>Augusto Agero, un escultor en la &#x2018;bande &#xe0; Picasso&#x2019;</italic>. Madrid: Casimiro Libros, 2022, 320 pp. [ISBN: 978-84-17930-50-9].</article-title>
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		<p>Las tesis biogr&#xe1;ficas centradas en artistas a quienes, como Augusto Agero (Madrid, 1880-Par&#xed;s, 1947), la historiograf&#xed;a apenas ha prestado atenci&#xf3;n son siempre un poderoso revulsivo: una partida de bautismo que amarillea por el paso del tiempo, un cuadro desconocido, hallado en la sombra de una fotograf&#xed;a en blanco y negro, los restos de &#xf3;xido de las grapas herrumbrosas que se caen de un documento al que nadie hab&#xed;a prestado atenci&#xf3;n&#x2026; Huellas, al fin y al cabo, del descuido y la indiferencia a las que Juan Jos&#xe9; Gil S&#xe1;nchez declara en este libro una lucha abierta. Entre sus principales armas, el rigor, la meticulosidad, la precisi&#xf3;n y la persecuci&#xf3;n casi polic&#xed;aca del detalle m&#xe1;s insignificante. Porque cuando apenas hay nada, toda aportaci&#xf3;n resulta indispensable.</p>
		<p>La vinculaci&#xf3;n de Agero con la <italic>bande &#xe0; Picasso</italic>, hilo conductor de esta investigaci&#xf3;n, permite, por un lado, comprender la magnitud del escultor y, por otro (y, en consecuencia), demostrar la existencia de otros nombres cuya recuperaci&#xf3;n contin&#xfa;a formando parte de una larga lista de tareas pendientes. Ciertamente, la desinformaci&#xf3;n y falta de documentaci&#xf3;n que rodean la trayectoria de Agero explican el excesivo protagonismo que, en ocasiones, adquieren figuras como la de Picasso u otras igualmente conocidas de su c&#xed;rculo del Par&#xed;s del primer tercio del siglo <sc>xx.</sc> Bien es cierto que, a medida que la investigaci&#xf3;n avanza, es posible dar cuenta que para construir el relato del <italic>yo</italic> se requiere de la profundizaci&#xf3;n en la vida del <italic>otro</italic>: los recuerdos borrosos y fugaces recogidos en los diarios y autobiograf&#xed;as de compa&#xf1;eros y amigos, como Picasso, Juan Gris, Fernande Olivier &#x2014;ella escribir&#xed;a sobre <italic>Picasso et ses amis</italic> (1930) aquello de &#x201c;L&#xe0;, ceux qu&#x2019;on appelait [&#x2026;] la bande Picasso&#x201d;&#x2014;, Manolo Hugu&#xe9;, Max Jacob o el escultor Johannes Bjerg; el espacio compartido en exposiciones y proyectos con Alexander Archipenko o Constantin Brancusi; la memoria de importantes cr&#xed;ticos y te&#xf3;ricos del cubismo que ya en los a&#xf1;os veinte situaron a Agero como parte de la Section d&#x2019;Or, entre ellos, Guillaume Apollinaire, Gertrude Stein o Maurice Raynal&#x2026; Junto a esto, las hip&#xf3;tesis y los &#x201c;posibles&#x201d; planteados por Gil S&#xe1;nchez se nutren de un ampl&#xed;simo corpus de fuentes primarias, geogr&#xe1;ficamente dispersas, que van desde archivos y registros municipales, estatales y privados, a correspondencia y fotograf&#xed;as familiares, llegando incluso a irrumpir en almacenes de museos donde la obra de Agero, a&#xfa;n in&#xe9;dita, ven&#xed;a tiempo cogiendo polvo. </p>
		<p>La vocaci&#xf3;n detectivesca que atraviesa el libro se asienta sobre un estado de la cuesti&#xf3;n que arranca ya en la horquilla del cambio de siglo: su paso por la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado &#x2014;donde coincidi&#xf3; con un tambi&#xe9;n jovenc&#xed;simo Picasso&#x2014; y los primeros encargos realizados por el Ayuntamiento de Madrid, una muestra m&#xe1;s de su agencia como escultor. De Madrid a Par&#xed;s y hasta Paul Crespelle, Pierre Daix o Claude Debron, llega Gil S&#xe1;nchez a 2019. A todo ello a&#xf1;ade, adem&#xe1;s, la catalogaci&#xf3;n exhaustiva y el an&#xe1;lisis estil&#xed;stico y formal de su producci&#xf3;n conocida, vers&#xe1;til y con un estilo marcadamente personal, entre la que ha rescatado esculturas, dibujos, &#xf3;leos y trabajos en metal. Con tan solo treinta y cinco obras registradas, de las cuales quince permanecen en paradero desconocido, Gil S&#xe1;nchez especula con la posibilidad de que sean muchas m&#xe1;s las que faltan que las que se conservan. Algo l&#xf3;gico, por otro lado, si pensamos en la prolija capacidad creativa, cualitativa y cuantitativa, que caracteriz&#xf3; las trayectorias de sus compa&#xf1;eros cubistas, movimiento en cuya g&#xe9;nesis escult&#xf3;rica se sit&#xfa;a el madrile&#xf1;o y que, por tanto, deja una puerta abierta a futuras investigaciones. </p>
		<p>Sin duda, el cap&#xed;tulo m&#xe1;s amplio es el que dedica Gil S&#xe1;nchez al paso de Agero por el Bateau-Lavoir, donde el artista acab&#xf3; por ocupar el n&#xfa;mero 13 de la Rue Ravignan, antiguo estudio de Picasso que el malague&#xf1;o hab&#xed;a abandonado en 1912. La pertenencia del escultor a la generaci&#xf3;n de autores que nutrieron los c&#xed;rculos de Montmartre no deja lugar a equ&#xed;voco. Precisamente, esa asiduidad podr&#xed;a explicar las razones de su olvido posterior, eclipsado el artista por el ampl&#xed;simo volumen de literatura escrita sobre el propio Pablo Picasso, tras cuya sombra contin&#xfa;an ocultos otros nombres como Hilarie Larramet, Pablo Roig i Cisa o Mateo Fern&#xe1;ndez de Soto, y a quienes Gil S&#xe1;nchez dedica unos p&#xe1;rrafos. &#xbf;C&#xf3;mo explicar, si no, la escasa atenci&#xf3;n prestada al escultor pese a las menciones recurrentes que aparecen en la bibliograf&#xed;a picassiana, o pese a su reiterada participaci&#xf3;n en exposiciones colectivas e incendiarios salones parisinos, incluso en la c&#xe9;lebre muestra cubista que acogieron las Galer&#xed;as Dalmau en la Barcelona de 1912? </p>
		<p>En general, el libro ofrece una visi&#xf3;n panor&#xe1;mica del contexto pol&#xed;tico y social de la &#xe9;poca, una mirada m&#xe1;s humana al d&#xed;a a d&#xed;a de un artista extranjero en Par&#xed;s con la que Gil S&#xe1;nchez pone en valor historias aprior&#xed;sticamente menores, y que desvelan la cara oculta de quienes, a diferencia de Picasso, no fueron alabados con la m&#xe1;s que debatible genialidad que a muchos se ha atribuido. Porque, al margen de los debates en torno a las implicaciones conceptuales y te&#xf3;ricas que envuelven el arquetipo del artista-genio, cabe recordar que el &#xe9;xito, en aquella &#xe9;poca (acaso como en el momento presente), no era tanto la norma como una excepci&#xf3;n. En este sentido, la falta de informaci&#xf3;n o de producci&#xf3;n conocida del autor en sus primeros a&#xf1;os en Par&#xed;s responde, por ejemplo, a una situaci&#xf3;n frecuente, com&#xfa;n a quienes recalaban en la capital del arte, pues deb&#xed;an desempe&#xf1;ar otros oficios de car&#xe1;cter artesanal, determinados por un anonimato que, como es evidente, ha dejado escasas huellas. Ello, adem&#xe1;s, da cuenta de la necesidad de conjugar la labor de artesano y de artista, de los desenga&#xf1;os de la profesi&#xf3;n, de las complejidades del oficio... A&#xfa;n m&#xe1;s, Gil S&#xe1;nchez no duda en recordar que Agero debi&#xf3; dedicarse &#xed;ntegramente a su empleo como agente de viajes, ocupaci&#xf3;n que mantuvo casi hasta su muerte, sintom&#xe1;tica de una realidad tan com&#xfa;n como la incapacidad de supervivencia de quienes se dedicaban en exclusiva al <italic>m&#xe9;tier</italic> de la creaci&#xf3;n pl&#xe1;stica.</p>
		<p>Especialmente interesante para el periplo vital de Agero, aunque levemente esbozado por su autor, resulta la aproximaci&#xf3;n a lo que Gil S&#xe1;nchez denomina &#x201c;su posici&#xf3;n social ante la vida y la sociedad&#x201d; (p. 135), desde 1914 y hasta a la muerte del escultor: su pertenencia a diferentes logias mas&#xf3;nicas, en su mayor&#xed;a vinculadas a movimientos antimilitaristas y pro derechos humanos, su participaci&#xf3;n activa en la Resistencia durante los oscuros a&#xf1;os de la ocupaci&#xf3;n alemana en Francia, lo que motiv&#xf3; su detenci&#xf3;n y reclusi&#xf3;n en la prisi&#xf3;n de Fresnes en mayo de 1944, o su adhesi&#xf3;n a la Uni&#xf3;n de Intelectuales Espa&#xf1;oles, cuyo bolet&#xed;n, junto a otros medios de prensa comprometida pol&#xed;tica e ideol&#xf3;gicamente, como la comunista <italic>Mundo Obrero</italic>, notificaba con pena su fallecimiento, en septiembre de 1947. </p>
		<p>Muy acertada resulta la fotograf&#xed;a con que cierra el libro, una instant&#xe1;nea del taller del artista que resulta fundamental, no solo por tratarse de la &#xfa;nica conocida en la que aparece inmortalizado, sino porque, primero, ejerce de poderoso documento de archivo de su producci&#xf3;n; segundo, porque resume, a golpe de vista, el minucioso an&#xe1;lisis que caracteriza la metodolog&#xed;a empleada por su autor a lo largo del libro. En suma, como se viene apuntando, casos como el de Agero resultan sintom&#xe1;ticos de la realidad del ecosistema art&#xed;stico de una &#xe9;poca que, por desgracia, ha sido analizada a trav&#xe9;s de sus excepciones y no tanto desde la experiencia de sus verdaderos protagonistas. De lo que no cabe tampoco duda es que su proximidad a Picasso y los r&#xed;os de tinta escritos sobre el malague&#xf1;o han permitido a Gil S&#xe1;nchez reconstruir etapas de la vida de Agero que, de otro modo, habr&#xed;an quedado irrecuperablemente sepultadas por el olvido, permitiendo que se le devuelva al artista la relevancia que tuvo en un determinado momento hist&#xf3;rico. Adem&#xe1;s de un aporte in&#xe9;dito y fundamental, las pistas e infinitas posibilidades que las hip&#xf3;tesis de Gil S&#xe1;nchez van dejando por un sendero que &#xe9;l mismo ha abierto, permiten pensar en un futuro prol&#xed;fico de estudios sobre el escultor. Ahora ya s&#xed;, Augusto Agero cuenta con un espacio m&#xe1;s que merecido entre los principales escultores cubistas de la primera mitad del siglo <sc>xx</sc> y, en general, en la historia de la vanguardia espa&#xf1;ola e internacional.</p>
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